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Es palabra de Schopenhauer

"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Pero entonces, 
¿el mundo no es más que una linterna mágica?
 Ciertamente el espectáculo es espléndido, 
pero en cuanto a representar allí algún papel, 
eso es otra cosa."

"Imaginad suprimida la fuerza pública, sea, quitado el bozal. Retrocederíais con espanto ante el espectáculo que se ofrecería a vuestros ojos, espectáculo que cada cual se figura fácilmente. ¿No basta esto para confesar cuán poco arraigo tienen la religión, la conciencia, la moral natural, cualquiera que sea su fundamento?." 

"No hay que desesperar a cada absurdo que se dice en público o en la sociedad, que se imprime en los libros y que se acoge bien, o al menos no se refuta; no hay que creer tampoco que quedará eternamente consolidado. Sepamos, para consuelo nuestro, que más tarde, e insensiblemente el absurdo se rumiará, se elucidará, se meditará, se examinará, se discutirá, y las mas veces de las veces se juzgará con justicia al fin y al cabo, de suerte que, después de transcurrido un tiempo variable en función de la dificultad del asunto, casi todo el mundo acabará por comprender lo que el espíritu lúcido había visto a primera vista. Verdad es que en el ínterin hay que tener paciencia, por que un hombre de juicio justo entre personas que están en el error se parecerá a aquel cuyo reloj marcha bien en una ciudad en donde todos los relojes andan desarreglados. Él sabe la hora exacta; pero ¿qué importa?. Todo el mundo se guía por los relojes públicos, que marcan una hora fatal, aun los que saben que sólo el reloj del primero da la hora verdadera." 


"Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al junto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc. Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, por que con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las deformidades mas horrorosas y variadas: fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos 
y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos."   

Sujeto vs Materia

El Sujeto: Yo soy, y fuera de mi no hay nada, puesto que el mundo es una representación mía. 
La Materia: ¡Qué delirio tan osado!- Yo, yo soy, y nada hay fuera de mí. Pues el mundo es mi forma transitoria. Tú eres un mero resultado de una parte de esa forma y, por ello, eres algo casual y fortuito. 
El Sujeto: ¡Cuan disparatada arrogancia!. Ni tú ni el mundo existiríais sin mí y a mi estáis condicionados. Quien haga abstracción de mí y crea poder seguir pensando vuestra existencia, da en concebir un tosco engaño; su existencia al margen de mi representación supone una inmediata contradicción, un hierro de madera. Ambas cosas están representadas por mí, mi representación es el ámbito de su existencia, y por ende, yo soy su primera condición. 
La Materia: Afortunadamente la osadía de tus asertos será puesta muy pronto en sus sitio y no merced a meras palabras; algunos instantes más y dejarás de ser nada en realidad, te hundirás en la nada junto con tu grandilocuencia, después de haberte columpiado transitoriamente cual una sombra espectral y correr la suerte de cada una de mis efímeras formas. Pero yo, en cambio, permanezco incólume y sin merma siglo tras siglo, a través del tiempo infinito, y presencio impávida el juego de las transformaciones de mis formas. 
El Sujeto: Ese tiempo infinito, que te vanaglorias de atravesar, así como el espacio igualmente infinito, sólo existen en mi representación, habida cuenta de que son meras formas de mi representación, esa representación que albergo dentro de mí y en la que tú te presentas, dando cabida a todo cuanto eres. El aniquilamiento con que me amenazas, no me atañe, pues de lo contrario tú te verías aniquilada junto conmigo; ese aniquilamiento le concierne sólo al individuo que es mi portador por algún tiempo y que, como todo lo demás, es representado por mí. 
La Materia: Aún cuando te conceda esto y lo admita, tu existencia, a la cual ese transitorio individuo está indisolublemente ligado, lejos de ser algo que se sostiene por si mismo, sigue dependiendo pese a todo de la mía propia. Pues tú sólo eres sujeto en tanto que tengas un objeto, y ese objeto soy yo; yo soy el núcleo y su contenido, lo que permanece, aquello que lo coaliga y sin lo cual revolotea tan incoherente como sustancialmente, al igual que los sueños y las fantasías de tus individuos, quienes gracias sólo a mí ponen a buen recaudo su apariencia. 
El Sujeto: Haces bien en no querer impugnarme a través de mi existencia por el hecho de manifestarse ésta en los individuos, pues tan inseparablemente encadenado a ella como yo lo estoy, lo estás tú a tu hermana, la forma, sin la cual no te manifiestas nunca. A ti, al igual que a mí, ningún ojo te ha visto desnuda y a solas, ya que ambos somos meras abstracciones, y por lo tanto entes de razón. Un ser es, al fin y a la postre, algo que se intuye a sí mismo y es intuido de suyo, aun cuando su ser en sí mismo no pueda consistir en esa intuición ni en el proceso de verse intuido, papeles que nos repartimos entre ambos. 
Ambos: Así pues, estamos inseparablemente unidos como partes necesarias de un todo, el cual nos comprende a ambos y se halla por encima de los dos como un género superior. Sólo un malentendido puede enfrentarnos para que cada uno combata la existencia del otro, siendo así que la suya propia se mantiene o quiebra con ella. 

Este otro género superior es el mundo como representación o la manifestación, con cuya desaparición sólo queda todavía la voluntad, en cuanto algo metafísicamente puro, como cosa en sí. Pero aquel que no reconoce como tal a la voluntad, puede colocar en su lugar una x, al que también puede dar en llamar y o z, como le venga en gana. La presente consideración versa sobre alguien así."

A. SCHOPENHAUER

Scho y yo

Y un día volvés a escribir, y a entregar, y a apostar. Y un día que no sabés cómo se tranformó en el resultado de muchos otros que quisieron llegar hasta acá, las ganas vuelven, el pasado no pesa ni el presente da miedo. Un día el futuro te entusiasma, aunque por primera vez no tengas la menor idea de qué lo compone ni qué te va a hacer. 

Ese día te das cuenta que felicidad es tener con quién compartirla. Y esta vez no necesitás perder libertad para que la reciprocidad los una. Es incondicional y leal, el otro con vos, vos con él, y la relación que los motiva a no despegarse. No pensé que existiera tal entrega mutua de voluntad destinada a lograr la satisfacción ajena. No sabía que existía coincidir sin preguntar ni que pudiera pesar tan poco ceder. Me da orgullo haber decidido- a conciencia del dolor pasado y conociendo la responsabilidad que conlleva- ser  vulnerable. Porque eso es lo que hace el amor, vulnera –o “atrapa” en palabras de Arthur Schopenhauer- y aunque este amor no sea carnal ni se trabe entre dos de igual especie, es tan fuerte como el de dos que eligen gastar la vida juntos juntos sin más intención que disfrutar la compañía y la felicidad de otro. 

Tal como dijo el amigo Nietzsche “en el amor siempre hay algo de locura, más en la locura siempre hay algo de razón”; y “será que un corazón no se endurece porque sí” (1), ó será que la experiencia duele, pero me costó entender que “saber elegir es lo que cuesta más [y que] no cualquiera suma sin restar”(2). Razón por la cual empecé por escribir de Schopenhauer, mi perro, que “transformó la rigidez del miedo cruel y paralizador, en impulso a motor”(3).






CITAS:
(1)    La hija del fletero - Patricio Rey y sus redonditos de ricota
(2)    Tan perfecto que asusta – Callejeros
(3)    Hasta acá nos ayudó Dios – Las pastillas del Abuelo